CAPÍTULO PRIMERO
¿QUÉ MEMORIA? ¿QUÉ HISTORIA?
Viene siendo una constante, desde bastante antes que el PSOE se hiciese con el poder el 13 de Marzo del 2004, la reivindicación de remover los cimientos de los recuerdos tan hondamente anclados en la conciencia de tantos y tantos españoles, de querer escarbar en los restos de los muertos, en sus tumbas y en sus fosas, y hacer que desde allí influyan en los vivos para que se enzarcen de nuevo en marcar las diferencias.
PROLEGÓMENOS DE LA MEMORIA HISTORICA
Ya en 1997 [1] , siendo Almunia secretario general del PSOE, los fantasmas de la Guerra Civil aparecieron en las filas socialistas sosteniendo, como ahora, que traer su recuerdo de nuevo era con la intención de que éstos desaparecieran para siempre. No se quería –decía Almunia- una depuración de responsabilidades, sino una “reflexión crítica” sobre la etapa de 1939 a 1975. El ponente de esta “reflexión crítica” en el PSOE era el diputado Luis Yáñez –el esposo de la consejera de Gobernación de la Junta de Andalucía que se encargó de sacar adelante la ampliación de las indemnizaciones a las víctimas de dicha etapa de nuestra historia en el 2003- y es que cuando dos que comparten colchón se empeñan en algo…Bien, el diputado socialista Luis Yáñez decía que lo que perseguía era proponer que se persiguiera a los criminales de la Guerra Civil y la posguerra –creo que el lector ya se habrá imaginado a quien llama este diputado socialista “criminales de la Guerra Civil y la posguerra”- y ya en aquella ocasión el PSOE planteó la creación de una comisión -¿cuántas comisiones habrá creado el PSOE a los largo de esto últimos 25 años?- de investigación independiente –así suelen llamar los socialistas a los que están al servicio de sus dictámenes- que aclarara lo ocurrido en nuestro país desde el 1 de Abril del 39 hasta 1975; una especie de juicio histórico, no penal, al régimen de Franco. Y fue más allá el diputado Yáñez, marido de la Consejera de Gobernación, a la sazón, de la Junta de Andalucía, en su ponencia: reclamó al Ejército y a la Iglesia Católica que pidieran perdón por su complicidad con la dictadura franquista. Ya sabemos que posteriormente cesaron los socialistas de reclamar este perdón al Ejército – por aquello de que puede sacudir cuando se le enfada- y se concentró en su exigencia en la Iglesia Católica, pues ésta, como en 1936, sólo puede ofrecer mártires.
Un mes antes de estas declaraciones del diputado Yáñez, en Septiembre de 1997, Alfonso Guerra criticó en Cáceres que los comunistas extremeños hubieran pactado con los hijos y los nietos de los que “condenaban a muerte a sus familiares”. Y Felipe González, que hoy se nos presenta como dechado de sosiego y moderación, algo así como un Buda andante, recordó en Orense también en 1997 el pasado de Fraga como ministro de Franco y su falta de escrúpulos para ser elegido indistintamente, decía Mr. X, “por los votos” o por las “botas”.
Las declaraciones del diputado Yáñez, apoyadas por el PSOE en la persona de su secretario general de entonces, Almunia, obtuvieron respuestas de rechazo no ya por parte del PP, sino también de IU –de la IU prellamazarista, más civilizada- que calificó esta proposición de “irresponsable” y “despreciable” en palabras del coordinador de la presidencia del partido marxista, Víctor Ríos, a preguntas a este respecto de los periodistas. Otro miembro destacado de IU, Pablo Castellanos, consideraba la proposición de “poco seria”. El líder de los aliados comunistas del PSOE en Cataluña, Rafael Ribó, atribuyó las palabras de Yáñez a una “pataleta”. Y CIU, a través de su secretario general, Pére Esteve, opinó al respecto que “la sociedad española no está por revisar los crímenes de la Guerra Civil”, igual que dijo Durán y Lleida al declarar que la voluntad de los nacionalistas catalanes era la de “cerrar una página triste y trágica de la Historia de España”. Así pues, como vemos, en 1997 ni estaba el horno calentito para ponerse a rebuscar huesos ni invocar los fantasmas de la Guerra Civil. Hubo que dejar enfriar el tema hasta tiempos más favorables. Y éstos llegaron.
ZP, “en su empeño de resucitar la Guerra Civil a partir de su experiencia familiar, ha querido que prevaleciera el dolor por la muerte de su abuelo republicano sobre el que podrían tener otros muchos españoles… ¿Qué hemos hecho para merecer todo esto?”[2]. Y eso que el PSOE, como sabemos, defensor de una cosa y su contraria, ya en el 2002 votó junto con el PP una resolución para zanjar la Guerra Civil y evitar el revanchismo [3]. Efectivamente, los populares llegaron a un acuerdo con el PSOE –cuyo interlocutor era Alfonso Guerra- al que se sumaron IU y el grupo mixto- para reafirmar explícitamente que nada quedaba del “endémico enfrentamiento civil”. Y en la muy simbólica fecha de 20.11.2002, se selló un pacto sobre una proposición no de ley en que se condenaba el golpe de estado de Franco y se prometía honrar a las víctimas, a todas las víctimas, de la Guerra Civil. En aquél acuerdo cada parte hizo un esfuerzo y cedió en sus posiciones, en lo que suponía el cerrojazo definitivo de no reabrir las heridas del pasado. El preámbulo de aquella proposición no de ley rezaba de la siguiente manera: “Nada queda en la sociedad española del endémico enfrentamiento civil porque, consciente y deliberadamente, se quiso pasar página para no revivir viejos rencores, resucitar odios o alentar deseos de revancha”. PP y PSOE unieron sus votos, por tanto, en torno a esta declaración de principios.
[1] “El Mundo”, 14.9.1997
[2] César Alonso de los Ríos, “LA GUERRA QUE NOS FALTABA”. ABC 28-9.2004
[3] La Razón, 22.7.2006
viernes, 25 de abril de 2008
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