viernes, 25 de abril de 2008

¿qué memoria? ¿qué historia? 2

CAPÍTULO PRIMERO


¿QUÉ MEMORIA? ¿QUÉ HISTORIA?



Viene siendo una constante, desde bastante antes que el PSOE se hiciese con el poder el 13 de Marzo del 2004, la reivindicación de remover los cimientos de los recuerdos tan hondamente anclados en la conciencia de tantos y tantos españoles, de querer escarbar en los restos de los muertos, en sus tumbas y en sus fosas, y hacer que desde allí influyan en los vivos para que se enzarcen de nuevo en marcar las diferencias.



PROLEGÓMENOS DE LA MEMORIA HISTORICA

Ya en 1997 [1] , siendo Almunia secretario general del PSOE, los fantasmas de la Guerra Civil aparecieron en las filas socialistas sosteniendo, como ahora, que traer su recuerdo de nuevo era con la intención de que éstos desaparecieran para siempre. No se quería –decía Almunia- una depuración de responsabilidades, sino una “reflexión crítica” sobre la etapa de 1939 a 1975. El ponente de esta “reflexión crítica” en el PSOE era el diputado Luis Yáñez –el esposo de la consejera de Gobernación de la Junta de Andalucía que se encargó de sacar adelante la ampliación de las indemnizaciones a las víctimas de dicha etapa de nuestra historia en el 2003- y es que cuando dos que comparten colchón se empeñan en algo…Bien, el diputado socialista Luis Yáñez decía que lo que perseguía era proponer que se persiguiera a los criminales de la Guerra Civil y la posguerra –creo que el lector ya se habrá imaginado a quien llama este diputado socialista “criminales de la Guerra Civil y la posguerra”- y ya en aquella ocasión el PSOE planteó la creación de una comisión -¿cuántas comisiones habrá creado el PSOE a los largo de esto últimos 25 años?- de investigación independiente –así suelen llamar los socialistas a los que están al servicio de sus dictámenes- que aclarara lo ocurrido en nuestro país desde el 1 de Abril del 39 hasta 1975; una especie de juicio histórico, no penal, al régimen de Franco. Y fue más allá el diputado Yáñez, marido de la Consejera de Gobernación, a la sazón, de la Junta de Andalucía, en su ponencia: reclamó al Ejército y a la Iglesia Católica que pidieran perdón por su complicidad con la dictadura franquista. Ya sabemos que posteriormente cesaron los socialistas de reclamar este perdón al Ejército – por aquello de que puede sacudir cuando se le enfada- y se concentró en su exigencia en la Iglesia Católica, pues ésta, como en 1936, sólo puede ofrecer mártires.

Un mes antes de estas declaraciones del diputado Yáñez, en Septiembre de 1997, Alfonso Guerra criticó en Cáceres que los comunistas extremeños hubieran pactado con los hijos y los nietos de los que “condenaban a muerte a sus familiares”. Y Felipe González, que hoy se nos presenta como dechado de sosiego y moderación, algo así como un Buda andante, recordó en Orense también en 1997 el pasado de Fraga como ministro de Franco y su falta de escrúpulos para ser elegido indistintamente, decía Mr. X, “por los votos” o por las “botas”.

Las declaraciones del diputado Yáñez, apoyadas por el PSOE en la persona de su secretario general de entonces, Almunia, obtuvieron respuestas de rechazo no ya por parte del PP, sino también de IU –de la IU prellamazarista, más civilizada- que calificó esta proposición de “irresponsable” y “despreciable” en palabras del coordinador de la presidencia del partido marxista, Víctor Ríos, a preguntas a este respecto de los periodistas. Otro miembro destacado de IU, Pablo Castellanos, consideraba la proposición de “poco seria”. El líder de los aliados comunistas del PSOE en Cataluña, Rafael Ribó, atribuyó las palabras de Yáñez a una “pataleta”. Y CIU, a través de su secretario general, Pére Esteve, opinó al respecto que “la sociedad española no está por revisar los crímenes de la Guerra Civil”, igual que dijo Durán y Lleida al declarar que la voluntad de los nacionalistas catalanes era la de “cerrar una página triste y trágica de la Historia de España”. Así pues, como vemos, en 1997 ni estaba el horno calentito para ponerse a rebuscar huesos ni invocar los fantasmas de la Guerra Civil. Hubo que dejar enfriar el tema hasta tiempos más favorables. Y éstos llegaron.

ZP, “en su empeño de resucitar la Guerra Civil a partir de su experiencia familiar, ha querido que prevaleciera el dolor por la muerte de su abuelo republicano sobre el que podrían tener otros muchos españoles… ¿Qué hemos hecho para merecer todo esto?”[2]. Y eso que el PSOE, como sabemos, defensor de una cosa y su contraria, ya en el 2002 votó junto con el PP una resolución para zanjar la Guerra Civil y evitar el revanchismo [3]. Efectivamente, los populares llegaron a un acuerdo con el PSOE –cuyo interlocutor era Alfonso Guerra- al que se sumaron IU y el grupo mixto- para reafirmar explícitamente que nada quedaba del “endémico enfrentamiento civil”. Y en la muy simbólica fecha de 20.11.2002, se selló un pacto sobre una proposición no de ley en que se condenaba el golpe de estado de Franco y se prometía honrar a las víctimas, a todas las víctimas, de la Guerra Civil. En aquél acuerdo cada parte hizo un esfuerzo y cedió en sus posiciones, en lo que suponía el cerrojazo definitivo de no reabrir las heridas del pasado. El preámbulo de aquella proposición no de ley rezaba de la siguiente manera: “Nada queda en la sociedad española del endémico enfrentamiento civil porque, consciente y deliberadamente, se quiso pasar página para no revivir viejos rencores, resucitar odios o alentar deseos de revancha”. PP y PSOE unieron sus votos, por tanto, en torno a esta declaración de principios.

[1] “El Mundo”, 14.9.1997
[2] César Alonso de los Ríos, “LA GUERRA QUE NOS FALTABA”. ABC 28-9.2004
[3] La Razón, 22.7.2006

¿qué memoria? ¿qué historia? 2

CAPÍTULO PRIMERO


¿QUÉ MEMORIA? ¿QUÉ HISTORIA?



Viene siendo una constante, desde bastante antes que el PSOE se hiciese con el poder el 13 de Marzo del 2004, la reivindicación de remover los cimientos de los recuerdos tan hondamente anclados en la conciencia de tantos y tantos españoles, de querer escarbar en los restos de los muertos, en sus tumbas y en sus fosas, y hacer que desde allí influyan en los vivos para que se enzarcen de nuevo en marcar las diferencias.



PROLEGÓMENOS DE LA MEMORIA HISTORICA

Ya en 1997 [1] , siendo Almunia secretario general del PSOE, los fantasmas de la Guerra Civil aparecieron en las filas socialistas sosteniendo, como ahora, que traer su recuerdo de nuevo era con la intención de que éstos desaparecieran para siempre. No se quería –decía Almunia- una depuración de responsabilidades, sino una “reflexión crítica” sobre la etapa de 1939 a 1975. El ponente de esta “reflexión crítica” en el PSOE era el diputado Luis Yáñez –el esposo de la consejera de Gobernación de la Junta de Andalucía que se encargó de sacar adelante la ampliación de las indemnizaciones a las víctimas de dicha etapa de nuestra historia en el 2003- y es que cuando dos que comparten colchón se empeñan en algo…Bien, el diputado socialista Luis Yáñez decía que lo que perseguía era proponer que se persiguiera a los criminales de la Guerra Civil y la posguerra –creo que el lector ya se habrá imaginado a quien llama este diputado socialista “criminales de la Guerra Civil y la posguerra”- y ya en aquella ocasión el PSOE planteó la creación de una comisión -¿cuántas comisiones habrá creado el PSOE a los largo de esto últimos 25 años?- de investigación independiente –así suelen llamar los socialistas a los que están al servicio de sus dictámenes- que aclarara lo ocurrido en nuestro país desde el 1 de Abril del 39 hasta 1975; una especie de juicio histórico, no penal, al régimen de Franco. Y fue más allá el diputado Yáñez, marido de la Consejera de Gobernación, a la sazón, de la Junta de Andalucía, en su ponencia: reclamó al Ejército y a la Iglesia Católica que pidieran perdón por su complicidad con la dictadura franquista. Ya sabemos que posteriormente cesaron los socialistas de reclamar este perdón al Ejército – por aquello de que puede sacudir cuando se le enfada- y se concentró en su exigencia en la Iglesia Católica, pues ésta, como en 1936, sólo puede ofrecer mártires.

Un mes antes de estas declaraciones del diputado Yáñez, en Septiembre de 1997, Alfonso Guerra criticó en Cáceres que los comunistas extremeños hubieran pactado con los hijos y los nietos de los que “condenaban a muerte a sus familiares”. Y Felipe González, que hoy se nos presenta como dechado de sosiego y moderación, algo así como un Buda andante, recordó en Orense también en 1997 el pasado de Fraga como ministro de Franco y su falta de escrúpulos para ser elegido indistintamente, decía Mr. X, “por los votos” o por las “botas”.

Las declaraciones del diputado Yáñez, apoyadas por el PSOE en la persona de su secretario general de entonces, Almunia, obtuvieron respuestas de rechazo no ya por parte del PP, sino también de IU –de la IU prellamazarista, más civilizada- que calificó esta proposición de “irresponsable” y “despreciable” en palabras del coordinador de la presidencia del partido marxista, Víctor Ríos, a preguntas a este respecto de los periodistas. Otro miembro destacado de IU, Pablo Castellanos, consideraba la proposición de “poco seria”. El líder de los aliados comunistas del PSOE en Cataluña, Rafael Ribó, atribuyó las palabras de Yáñez a una “pataleta”. Y CIU, a través de su secretario general, Pére Esteve, opinó al respecto que “la sociedad española no está por revisar los crímenes de la Guerra Civil”, igual que dijo Durán y Lleida al declarar que la voluntad de los nacionalistas catalanes era la de “cerrar una página triste y trágica de la Historia de España”. Así pues, como vemos, en 1997 ni estaba el horno calentito para ponerse a rebuscar huesos ni invocar los fantasmas de la Guerra Civil. Hubo que dejar enfriar el tema hasta tiempos más favorables. Y éstos llegaron.

ZP, “en su empeño de resucitar la Guerra Civil a partir de su experiencia familiar, ha querido que prevaleciera el dolor por la muerte de su abuelo republicano sobre el que podrían tener otros muchos españoles… ¿Qué hemos hecho para merecer todo esto?”[2]. Y eso que el PSOE, como sabemos, defensor de una cosa y su contraria, ya en el 2002 votó junto con el PP una resolución para zanjar la Guerra Civil y evitar el revanchismo [3]. Efectivamente, los populares llegaron a un acuerdo con el PSOE –cuyo interlocutor era Alfonso Guerra- al que se sumaron IU y el grupo mixto- para reafirmar explícitamente que nada quedaba del “endémico enfrentamiento civil”. Y en la muy simbólica fecha de 20.11.2002, se selló un pacto sobre una proposición no de ley en que se condenaba el golpe de estado de Franco y se prometía honrar a las víctimas, a todas las víctimas, de la Guerra Civil. En aquél acuerdo cada parte hizo un esfuerzo y cedió en sus posiciones, en lo que suponía el cerrojazo definitivo de no reabrir las heridas del pasado. El preámbulo de aquella proposición no de ley rezaba de la siguiente manera: “Nada queda en la sociedad española del endémico enfrentamiento civil porque, consciente y deliberadamente, se quiso pasar página para no revivir viejos rencores, resucitar odios o alentar deseos de revancha”. PP y PSOE unieron sus votos, por tanto, en torno a esta declaración de principios.

[1] “El Mundo”, 14.9.1997
[2] César Alonso de los Ríos, “LA GUERRA QUE NOS FALTABA”. ABC 28-9.2004
[3] La Razón, 22.7.2006

jueves, 24 de abril de 2008

¿qué memoria? ¿qué historia?

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Este trabajo fue en un principio, una carta al director de un periódico cualquiera. Sí, aunque cueste creerlo. Una carta al director surgida desde lo más hondo de mi repulsión ante el empeño de ZP de llevarnos –por el camino de su “memoria-histórica”- a aquella Historia fratricida que entre todos logramos superar cuando nos dimos la Constitución de 1978; de conducirnos hacia esa herida abierta en el alma de tantos y tantos españoles a la que decidimos encostrar con el desinfectante de la Constitución. El empeño de ZP y de la izquierda en general de hurgar en esa herida, siempre sensible, está provocando un renacimiento del cainismo patrio, volviendo a fluir la sangre fresca de aquella herida.

Ante tanto desatino y disparate, mi reacción no fue otra que coger el papel y el lápiz y volcar sobre las cuartillas mis sentimientos al respecto. Empecé a escribir una página, y otra, y otra, hasta que la carta al director tomó las características de “un tomo al director”. Es tal la cantidad de material bibliográfico y hemerógrafico del que dispongo que una vez puesto a la tarea, me decía que por qué no iba citar a este autor, o a aquél otro, o este artículo fantástico, o aquella noticia certera y esclarecedora. En esa vorágine del “poyaque” fueron saliendo, sin pretenderlo, decenas, cientos de páginas que, como un aluvión, ya no pude contener y dejé que corrieran a través de las torrenteras de mi pluma. Siempre he sido un curioso existencial, siempre me he ido asomando a cuantos balcones de conocimiento me han ido saliendo al paso. A lo largo de los últimos doce o quince años me he ido haciendo con una biblioteca estimable sobre temas recientes de la Historia de España y más concretamente sobre la Guerra Civil, sus prolegómenos y sus consecuencias, así como haber ido coleccionando una extensa hemeroteca sobre estos temas, tanto en papel como en digital. Material que hoy pongo al servicio de los lectores, en especial de aquellos más profanos en el tema, a fin de que encuentren respaldo documental a sus razonamientos contra tanto dislate de la izquierda que nos gobierna.

Repasando lo expresado por diversos autores, maestros en determinadas disciplinas académicas, nos adentramos de su mano en este tema de la memoria y de la historia, o de la historia y la memoria, o de las memorias y la Historia, de la memoria histórica y de memorística historia, o de la memoria historizada o de la historia memorizada, que dado el desconcierto que encierra el término, lo mismo da que da lo mismo.

Desde el principio, me he zambullido en las ricas y hondas aguas de la bibliografía y hemerografía seleccionadas., que me han proporcionado material suficiente para construir este trabajo y cimentar el mismo. En cada capítulo del mismo he encontrado el respaldo documental necesario para reforzar mis planteamientos. Y esto es lo que ofrezco ahora al lector: un análisis sobre lo que supone el concepto y la intención de la “memoria histórica” de ZP; un examen sobre la memoria, no ya de un individuo o un colectivo, sino de todos; un razonamiento sobre la Historia de un pueblo y no sobre las historias de determinados pueblos o colectividades.

Ante esa memoria que nos quieren imponer desde el poder político, utilizando para ello cualquier medio, como es el adoctrinamiento de los escolares mediante el libro de texto Educación para la Ciudadanía. de obligada impartición, hay que oponer la Historia, sin más adjetivos, que acoge y engloba toda memoria y todo recuerdo, venga del bando que venga. El empeño de monoauralizar la historia, de narrarla desde un solo punto de vista, desde una posición monoangular, es propia de regímenes autoritarios que intentan moldear y conformar a la sociedad según su imagen y según su semejanza. En un régimen democrático es absurdo intentar tal maniobra, a no ser que, ciertamente, el gobierno imperante de ese régimen democrático no lo sea tal, imponiendo entonces su peculiar visión de los acontecimientos, pasados y presentes. El PSOE tiene demasiadas adherencias de signo totalitario en su deambular; al fin y al cabo, su cuna está en el marxismo-leninismo y su trayectoria de los primeros años del siglo XX, y no digamos ya de la década de los treinta de dicho siglo, fue una clara exposición de lo que es en la praxis un régimen dictatorial según el modelo del marxismo-leninismo. Será que esos ramalazos de sus mayores, como el pelo de la dehesa, no acaban de irse nunca.

Si el PSOE está empeñado en recordar, recordémoslo todo: lo de un bando y lo de otro. Pongamos los muertos de un bando junto a los muertos del otro. Los huesos de los de un bando junto a los huesos de los del otro. Los huérfanos de los de un lado junto a los huérfanos de los del otro. Las viudas de los de un lado junto a las viudas de los del otro. Las fosas comunes de los de un lado junto a las fosas comunes de los del otro. La sangre de los de un lado junto a la sangre de los del otro. Y veremos que los muertos, los huesos, los huérfanos, las viudas, las fosas, la sangre, no tienen distinción, no tienen denominación de origen, no tienen marchamo especial. Los muertos de la Guerra Civil nos pertenecen a todos, como sus viudas y sus huérfanos, sus restos y sus fosas, porque, en definitiva esa sangre derramada por unos y por otros, no es más que la sangre que, fluyendo en nuestra historia y en nuestro presente, nos sigue dando la cohesión y unidad necesarias como nación y como pueblo.

He dividido este trabajo en tres apartados principales:

A) La teoría sobre la Memoria Histórica así como el análisis del Real Decreto Ley de la proclamación del 2006 como año de la “memoria histórica” y de la Ley de la Memoria Histórica en su primera redacción. (Capítulo I)

B) Los hechos históricos de la Guerra Civil , con especial mención a la República y los antecedentes de la contienda; a la actitud del gobierno republicano durante la misma, así como a la actuación del Frente Popular en los distintos frentes donde ejerció la represión: las checas, la Cárcel Modelo y Paracuellos del Jarama. También analizo el tema de los maquis, a los que la Ley de la Memoria Histórica quiere elevar a nivel de cruzados de la libertad. Así mismo, dedico un apartado especial a la persecución de la Iglesia Católica, remontándome a la etapa decimonónica a fin de comprender la envergadura de la persecución frentepopulista del 36 (Capítulo 2)

C) Un análisis comparativo entre la política seguida por las izquierdas de los años 31 al 39 y la de sus herederos ideológicos actuales, sobre todo en temas tan puntuales como sus comportamientos pretendidamente democráticos, las autonomías, el respeto a la monarquía y la enseñanza , enfatizando en la religiosa. (Capítulo 3)


He ido dividiendo los diferentes temas en apartados específicos que entiendo ayudarán a una mayor comprensibilidad de los mismos. Creo que consigo ofrecer al lector un panorama lo más completo posible, al menos ése ha sido mi intento, sobre este tema de la “Memoria Histórica”, a fin de que tenga una mayor base de conocimiento sobre el mismo. Con ese propósito he escrito las páginas que siguen. Si al final de las mismas, amigo lector, te queda la sensación de no haber perdido el tiempo leyéndolas, habré cumplido mi objetivo y me sentiré plenamente recompensado .

martes, 22 de abril de 2008

la íntervención de España en Irak y la tergiversación de la izquierda

La izquierda, que domina la calle como nadie, por encima de leyes y Parlamentos, según su inspiración marxista-leninista, ha creado en torno a la intervención española en Irak una tupida red de engaños, difamaciones, manipulaciones y tergiversación. La intervención española en Irak es atacada por la izquierda en los siguientes puntos:
1º.-El acuerdo de intervenir en Irak se debió a una decisión unilateral -mejor, trilateral-del"trío de las Azores", olvidando mencionar que junto a estos tres, hubo otros 69 paises que dieron su conformidad a dicha intervención. Entre ellos, democracias occidentales reconocidas como Italia, Dinamarca y Holanda, entre otros, y paises musulmanes como Turquía, Jordania, Kuwait, Emiratos árabes, etc., lo que prueba que no fue una acción de las pérfidas cruzadas cristianas contra los indefensos moritos, tesis que es el núcleo principal de la teoría delirante zapateraiana de la "Alianza de las Civilizacviones".
2º.- Según la izquierda, sólo los del "trío de las Azores" se creyeron lo de la existencia de las armas de destrucción masiva de Irak. Olvidan decir los del progresío que, aparte de los otros 69 paises que dieron su conformidad a la intervención, varios organismos internacionales también se "tragaron" lo de las armas. Entre ellos, la Internacional Socialista reunida en Roma en Enero del 2003, el Consejo Europeo de la UE y el mismísimo representante de la UE para la política exterior, el socialista Javier Solana. Ver declaraciones que hicieron los representantes de estos estos altos organimos en ABC 21.3.07 y 8.2.07.
3º.-Según los izquierdistas, la intervención en Irak en absoluto estaba justificada por la ONU, no había ninguna resolución ad hoc que la autorizara. Hay que decirles que desde la resolución 678(1990) que impelía a todos los estados miembros a cumplir la resolución 660(1990), hasta la 1441(2002), han sido 64 resoluciones en los 12 años que van de 1990 a 2002 en que la ONU ha advertido seriamente a Irak, amenzanádola con intervenir. La 1441(2002) entendía que todas las precedentes eran razones más que suficientes para la autorización de la intervención en Irak. Por otro lado, hay que recordar a los creadores de la "memoria histórica" -que parece que necesitan varios sacos de rabitos de pasa- que los bombardeos de Kosovo de 1999, mandados y ordenados por el Secretario General de la OTAN a la sazón, el socialista Javier Solana se hizo, no en base a una resolución ad hoc de la ONU, sino en base a unas resoluciones anteriores. España participó con cazabombarderos F-16, contando con el respaldo del Congreso de los Diputados y ZP, como el resto de los diputados socialistas, apoyó dicha acción bélica en la que murieron 3.500 personas. En aquel momento las hordas izquierdistas ni reclamaron una resolución ad hoc para dicho bombardeo, ni apedreraron sedes socialistas, ni insultaron y agredieron a militantes socialistas, como sí hicieron el 13 M 2004 contra sedes y militantes del PP. Igualmente en la guerra de Bosnia en 1995, el gobierno socialista de Felipe González envió 500 soldados al conflicto, de los que un tercio eran soldados de reemplazo.
4º.- Mientras que las intervenciones españolas en la primera guerra de Irak, en Bosnia y en Kosovo sí fueron acciones de guerra, la de Irak no fué una acción bélica. Como dice Fernando Díaz Moreno (ABC. 25.3.08) ex-secrtario de Estado de Defensa, España envió un contingente militar de ayuda humanitaria que llegó, una vez terminada la guerra, al puerto de Unm Qasar, y posteriormente envió otro contingente militar al amparo de las resoluciones del Consejo general de la ONU 1472(2003),1483(2003),1500(2003) y 1511(2003) en misión de seguridad y estabilidad del país. Cuando ZP, en Mayo del 2004, tomó la decisión de retirar nuestras tropas de Irak, no las retiró de un escenario de guerra ilegal, sino de una misión de paz, seguridad y estabilidad al amparo de la ONU. Además, como en otros muchos casos, ZP incumplió su promesa electoral, cuando dijo que retiraría las tropas de Irak si antes de finalizar Junio del 2004 no se aprobaba una nueva resolución del Consejo de Seguridad.Esa resolución se aprobó, pero nuestras tropas ya habían sido retiradas.
Conviene recordar todo esto para salir de tanta manipulación y asfixia comunicativa del PSOE y demás partidos marxistas, así como de su prensa servil y lamehuevos, y que el pueblo español pueda conocer la verdad sobre dicho acto de nuestra Historia reciente. Es el deseo que me anima a escribir estas líneas y otras más que pienso hacer en defensa de la verdad contra tanta mentira de la izquierda y sus serviles medios de comunicación.